Después de muchos años, cuando yo sea un montoncito de polvo callado, jugad conmigo, con la tierra de mis huesos. Si me recoge un albañil, me pondrá en un ladrillo y quedaré clavada para siempre en un muro, y yo odio los nichos quietos. Si me hacen ladrillo de cárcel, enrojeceré de vergüenza oyendo sollozar a un hombre y si soy ladrillo de una escuela, padeceré también de no poder cantar con vosotros en los amaneceres.
Mejor quiero ser polvo con que jugáis en los caminos del campo. Oprimidme: he sido vuestra; deshacedme, porque os hice; pisadme; porque no os di toda la verdad y toda la belleza. O simplemente, cantad y comed sobre mí, para besaros los pies amados...
Decid, cuando me tengáis en las manos, un verso hermoso y crepitaré de placer entre vuestros dedos. Me empinaré para miraros, buscando entre vosotros los ojos, los cabellos de los que enseñé.
Y cuando hagáis conmigo cualquier imagen, rompedla a cada instante, ¡ que a cada instante me rompieron los niños de amor y de dolor!
* Grande Gabriela Mistral, Poetiza y Educadora de profesión, vocación, alma y espíritu.
No hay comentarios:
Publicar un comentario